RHS. Revista. Humanismo. Soc. 14(1), e7/1-20, ene.- jun. 2026 / ISSNe 2339-4196
Artículo de reflexión

Posibilidades de la literatura infantil y juvenil (LIJ) en aulas violentas: formar para transformar1
Possibilities of Children’s and Young Adult Literature (LIJ) in Violent Classrooms: Educating for Transformation
Tany-Giselle Fernández-Guayana2
tany.fernandez.g@uniminuto.edu.co tany.fernandezg@gmail.com
https://orcid.org/0000-0002-4726-5028
https://doi.org/10.22209/rhs.v14n1a07
Recibido: julio 7 de 2025.
Aceptado: febrero 13 de 2026.
Para citar: Fernández-Guayana, T-G. (2026). Posibilidades de la literatura infantil y juvenil (LIJ) en aulas violentas: formar para transformar. RHS-Revista Humanismo y Sociedad, 14(1), 1-20. https://doi.org/10.22209/rhs.v14n1a07
Resumen
Este ensayo se construye como un acto de reivindicación de la literatura en el campo de la educación. La literatura amplía el acervo cultural, pero, a través de ella, se alza la voz para exigir cambios y dejar huella. Su misión es el movimiento de las masas, el reclamo de derechos y la denuncia de las injusticias. Literatura y educación comparten un mismo fin: cuestionar lo establecido, orientar para crear otro orden, entregarnos al mundo para nombrarlo diferente. En pocas palabras, formar para transformar. Este artículo se trabajó mediante la metodología interpretativa y crítica de teorías en torno a la literatura, el acoso escolar, la convivencia y la paz aterrizadas en el contexto colombiano. La información se presenta por subtemas que se entrelazan. Se comienza con el contexto del conflicto armado en Colombia y sus repercusiones, como el acoso escolar; se resalta la tarea educativa de la literatura y se explora particularmente la poesía y usos. Se finaliza con la literatura como mediadora en la violencia escolar con ejemplos de actividades realizadas en el aula. Se concluye que la literatura infantil y juvenil funciona como estrategia didáctica para la comprensión y abordaje del acoso escolar porque permite el diálogo y la empatía. La literatura surge como una fuente de esperanza que puede promover la formación de la cultura para la paz.
Palabras clave: literatura, poesía, educación para la paz, acoso escolar, estrategia de enseñanza.
Abstract
This essay is conceived as an act of vindication of literature within the field of education. Literature not only expands cultural heritage but also serves as a space from which authors raise their voices to demand change and leave their mark. Its mission is to mobilize communities, claim rights, and denounce injustices. Literature and education ultimately share a common purpose: to question the established order, to guide the creation of a new one, and to offer the world anew so it may be named differently—in short, to educate in order to transform. This article adopts an interpretive and critical approach to theories related to literature, bullying, coexistence, and peace within the Colombian context. The discussion is organized through interconnected thematic sections. It begins by outlining the historical context of the armed conflict in Colombia and its social repercussions, including manifestations of bullying in schools. It then examines the educational role of literature, with particular attention to poetry and its pedagogical potential. The essay concludes by positioning literature as a mediating tool for addressing school violence, presenting examples of classroom activities. It argues that children’s and young adult literature constitutes an effective didactic strategy for understanding and confronting bullying, as it fosters dialogue and empathy. Ultimately, literature emerges as a source of hope capable of nurturing a culture of peace.
Keywords: Literature, Poetry, Peace education, Bullying, Teaching strategy.
Introducción
El fenómeno del acoso escolar —también denominado bullying o matoneo— ha adquirido una creciente importancia en el ámbito de la investigación educativa en los últimos años, debido al impacto perjudicial que tiene sobre el bienestar emocional y el desarrollo integral de los estudiantes que lo padecen. Este tipo de violencia se caracteriza por conductas negativas, deliberadas y reiteradas, ejercidas por uno o varios compañeros hacia un estudiante (López et al., 2019). De acuerdo con Morales (2023), en este tipo de interacción se establece una dinámica de poder desigual entre quien agrede, quien recibe la agresión y quienes observan sin intervenir.
Al respecto, la UNESCO (2023) reconoce que la educación para la paz es esencial para promover valores, actitudes y comportamientos que permitan a los individuos vivir en armonía consigo mismos, con los demás y con el medio ambiente. Por tanto, la escuela debe garantizar la formación en 1) ciudadanía global para formar sujetos conscientes de sus derechos y responsabilidades en un mundo interconectado, 2) prevenir la violencia mediante el diálogo, la empatía y la resolución pacífica de conflictos, 3) transformar las prácticas educativas para que el conocimiento trascienda las disciplinas, formando en valores, justicia social y respeto por la diversidad, 4) promover la inclusión y la equidad reconociendo las múltiples identidades culturales.
En el contexto colombiano, la Secretaría de Educación (SDE) de Bogotá ha reportado un incremento significativo del 36 % en los casos de hostigamiento o acoso escolar dentro de los colegios distritales, pasando de 639 denuncias en 2018 a 868 en 2019. Este aumento refleja una creciente preocupación por la violencia escolar en el país. Según Caicedo Bohórquez y Fernández-Guayana (2022), en las instituciones rurales, la agresión suele entenderse como un signo de fortaleza y la resistencia a ella se concibe como una estrategia de supervivencia en entornos adversos; mientras que, Enríquez indica que “en los colegios privados el acoso se expresa mayoritariamente a través de las redes sociales, lo que muestra la variedad de manifestaciones del fenómeno según el contexto educativo” (2015, p. 3).
Sumado a ello, han pasado ya ocho años tras firmado el doceavo acuerdo de paz en el país (Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera de 2016) y tristemente los agentes políticos de turno han demostrado que, por más esfuerzos que se hagan en su cumplimiento, las relaciones humanas son complejas y los intereses particulares impiden que se forje una sociedad en paz.
Dada esta realidad, Colombia requiere hoy de apuestas educativas que propendan por un país en paz. No obstante, el proceso de transición hacia el posconflicto plantea actualmente un desafío educativo que exige respuestas claras y comprometidas por parte de docentes y actores del sistema educativo. En este contexto, la educación en Colombia está llamada a construir nuevos sentidos y propósitos a través de estrategias pedagógicas creativas e inclusivas, que contribuyan a la formación integral de las generaciones presentes y futuras, orientadas hacia una vida más digna para un vivir mejor.
Entre esas estrategias, se trae a colación la literatura. Para los estudiantes, la oralidad y la escritura constituyen una forma de acercarse a la realidad y al mundo que los rodea mediante la fantasía y la imaginación (González, 2023). Sus inicios en la literatura se remontan a escuchar a sus mayores narrando cuentos y poemas; recuerdos estos cargados de vínculos afectivos. Una vez el niño y la niña ingresan a la educación formal, la escuela se convierte en el escenario propicio para que promocione los procesos de comunicación propios de la niñez, como la lectura y la escritura, mediante el juego y la imaginación.
Según Bettelheim (2022), reaccionar ante la escucha o lectura de la literatura posibilita la experimentación del placer, ya que con el encanto que se siente se afecta psicológicamente al estudiante, además de introducirlo en la calidad literaria. Adicionalmente, provee conocimientos e informaciones que pueden usarse en la relación con el mundo donde se desenvuelven los niños (González, 2023). Ejemplo de ello es la poesía, que suele ser un referente de fantasía e imaginación a causa de las imágenes y metáforas que traen consigo los versos. Los poemas hacen parte de la vida cotidiana, de la infancia, ya que se encuentran presentes en las canciones y juegos, y en su mayoría involucran situaciones cercanas a la experiencia de los educandos.
Algunos estudios recientes a nivel nacional destacan el uso de la poesía y el cuento como medio de transformación social porque, en medio de contextos caracterizados por el pandillaje, el alcoholismo y la drogadicción, la literatura media en el desarrollo de la personalidad, el control de las emociones y el comportamiento escolar (Fernández-Guayana et al., 2024; Cañas & Cuartas, 2019). Mientras tanto, en estudios internacionales se destaca la literatura como transmisora de valores. Estrategias pedagógicas como la biblioterapia, la cuentística, storytelling y cinefórum permiten el intercambio de pensamiento y de los sentimientos para hacerle frente al bullying (Cusman-Barriga & Gallardo-Echenique, 2024; Navas & Vásquez, 2023; Hughes & Lynn, 2016).
Por estas razones, los textos literarios se valoran como herramientas esenciales no solo por su capacidad de enriquecer el mundo con estética y sensibilidad, sino también por su potencial para fortalecer el proceso educativo de los estudiantes. En situaciones como el acoso escolar, es fundamental intervenir desde sus primeras manifestaciones para prevenir consecuencias irreversibles. En este contexto, la poesía se presenta como una estrategia didáctica pertinente, capaz de fomentar la reflexión, la empatía y el diálogo en el aula.
Contexto del conflicto armado en Colombia
En un país como Colombia, que lleva más de 65 años en guerras políticas internas, es inevitable que las esferas de la familia y la escuela se vean permeadas. La violencia armada, las amenazas recibidas y los desplazamientos forzados han generado secuelas difíciles de superar; pero, ante todo, dejan la marca del odio, el rencor y la venganza. Lamentablemente, las víctimas de la violencia, especialmente los niños y los jóvenes, no cuentan con otros referentes de formación más que esos modelos vividos.
Sumado a ello, los grupos al margen de la ley (las FARC, el M19, el ELN), y las trabas en el cumplimiento de los 12 acuerdos de paz desde 1984 hasta el de 2016, dejan un panorama de incertidumbre ante la posibilidad de cambio. Si hacemos un recorrido histórico sobre el tema, tenemos que el primer acuerdo entre los grupos armados y el Gobierno nacional fue en 1984 con las FARC, del cual nació la Unión Patriótica como partido político, pero tras el asesinato de sus líderes, el acuerdo se disolvió. En 1990 surge un segundo acuerdo con el M19 donde hubo desmovilizaciones, se acordó reformar la constitución y nació un nuevo partido político; posteriormente, se presentó el asesinato de su candidato a la presidencia, Carlos Pizarro. Sin embargo, eso no detuvo lo firmado, por el contrario, se unieron a la causa más grupos guerrilleros entre 1991 y 1998, tales como PRT, EPL, Quintín LAME, Comando Ernesto Rojas, Comando Revolución Socialista, Frente Francisco Garnica, MIR COAR que suman nueve acuerdos de paz hasta el momento (FrenteAlEspejoCol, 2021).
Un décimo intento por firmar un acuerdo de paz en el país fue entre 1999 y 2002, conocido como el Proceso del Caguán, donde el presidente de turno hizo acercamientos con las FARC sin tener éxito. Entre 2003 y 2006, el nuevo Gobierno realiza negociaciones con las Autodefensas Unidas de Colombia, de lo cual surge la Ley de Justicia y Paz. Ya recientemente, en 2016, el presidente Juan Manuel Santos firma un acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC, donde 13.000 combatientes entregaron las armas, se creó el Sistema de Justicia Transicional conformada por la Comisión de la Verdad, la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y la Unidad de Búsqueda de personas dadas por Desaparecidas (UBPD). También nació el movimiento los Comunes como su partido político.
Los múltiples intentos de paz en Colombia muestran avances, pero también fragilidad frente a la persistencia de la violencia. Tras más de seis décadas de conflicto, las secuelas siguen afectando a las familias y a las escuelas. Pese a ello, los acuerdos alcanzados evidencian un esfuerzo por la reconciliación a partir de la justicia transicional y la memoria histórica. Bajo este contexto, la escuela se configura como un escenario estratégico para transformar narrativas de violencia en proyectos de convivencia y ciudadanía.
Repercusiones de la violencia: el acoso escolar
En los años recientes, el acoso escolar se ha consolidado como una problemática de alta relevancia, debido a las graves repercusiones que tiene en la salud física, emocional y en el desarrollo integral de niños y adolescentes. De acuerdo con Cardozo (2021), el acoso escolar se caracteriza por ser un comportamiento perjudicial, deliberado y recurrente, que es ejercido por una o más personas hacia otra que se halla en una situación de inferioridad o vulnerabilidad.
Según lo declarado por Embleton (2023), las consecuencias del acoso escolar pueden ser variadas y afectar a nivel psicológico, emocional, social y académico. En el aspecto psicológico, quienes son víctimas de acoso escolar pueden presentar manifestaciones como ansiedad, depresión, disminución de la autoestima, alteraciones en el sueño e incluso pensamientos de carácter suicida. Además, se estima que el estrés crónico derivado del acoso escolar puede generar problemas de salud física como dolores de cabeza, problemas gastrointestinales y debilitamiento del sistema inmunitario (Álvarez et al., 2022).
En cuanto a lo emocional, las víctimas pueden desarrollar sentimientos de soledad, tristeza, miedo e indefensión, lo que puede afectar su capacidad para establecer relaciones interpersonales saludables y funcionales (Sánchez-Gómez et al., 2020). Mientras que otros conceptúan que, en el ámbito social, el acoso escolar puede conducir al aislamiento social de la víctima, lo que dificulta la construcción de amistades y redes de apoyo (Andrade et al., 2021). De este modo, se reconoce que el acoso escolar constituye un factor de riesgo asociado a la aparición de depresión y conductas suicidas en niños y adolescentes. Esto subraya la necesidad urgente de intervenir oportunamente para salvaguardar la salud mental de niños y jóvenes.
Chávez-Martínez y Salazar-Jiménez (2024) afirman que, en el rendimiento académico, las consecuencias del acoso escolar incluyen la disminución en la motivación y el interés por aprender, así como el aumento en el ausentismo escolar y el riesgo de deserción. Asimismo, se encuentra que, a largo plazo, las víctimas de acoso escolar pueden enfrentarse a dificultades en su desarrollo profesional y personal, lo que afecta su calidad de vida y bienestar general (Labrador et al., 2023). De hecho, un estudio reciente en Colombia señala que los estudiantes reconocen que:
Uno de los orígenes del acoso escolar ha sido la influencia de las pandillas y de la guerrilla, los cuales muestran a los jóvenes que se puede ganar dinero por pertenecer a su grupo, lo que incentiva la deserción escolar. Lo anterior conlleva a que los jóvenes encuentren en la violencia social una forma de progreso, ya que sus condiciones de vida actual no son las más favorables porque sus recursos son limitados, por lo general son hijos de madres solteras o conviven en familias disfuncionales. (Fernández-Guayana, 2025, p. 15)
Dado lo anterior, Cardozo (2021) sugiere la necesidad de una visión ecológica para comprender la complejidad del fenómeno del bullying y la importancia de abordarlo desde múltiples perspectivas, incluyendo factores individuales, escolares y familiares. En esta línea, el sistema educativo colombiano cuenta con la Ley 1620 de 2013 como marco normativo principal para la regulación de la convivencia escolar. Esta legislación tiene como propósito prevenir y atender la violencia en los entornos educativos, incluido el acoso escolar, y para ello crea el Sistema Nacional de Convivencia Escolar y Formación para el Ejercicio de los Derechos Humanos, la Educación para la Sexualidad y la Prevención y Mitigación de la Violencia Escolar. Mediante este conjunto de medidas se busca promover relaciones pacíficas dentro de las instituciones, prevenir tempranamente las situaciones de acoso y garantizar una intervención oportuna y adecuada cuando ocurran.
Como exigencia de la Ley 1620 de 2013, cada institución educativa debe contar con un Manual de Convivencia; este documento, del conocimiento y cumplimiento de toda la comunidad educativa, define las políticas para prevenir, detectar y gestionar casos de acoso escolar.
Es crucial destacar que la Ley 1620 de 2013, expedida por el Ministerio de Educación Nacional de Colombia, estableció directrices dirigidas a las administraciones departamentales, distritales y municipales, así como a los establecimientos educativos oficiales y privados. No solo se busca con ello sancionar el acoso escolar, sino también prevenirlo a través de la educación y la promoción de una cultura de paz y respeto. Por lo tanto, se enfatiza la importancia de la formación ciudadana y el desarrollo de habilidades socioemocionales en los estudiantes. El objetivo es fortalecer las acciones pedagógicas para la prevención y atención del acoso escolar.
Sin embargo, es importante mencionar que esta ley debe implementarse en conjunto con estrategias pedagógicas y programas de prevención y atención al acoso escolar en los planteles educativos. La ley es necesaria pero insuficiente; solo mediante la corresponsabilidad y el trabajo conjunto de toda la comunidad educativa podrá combatirse eficazmente el acoso escolar.
La tarea educativa de la literatura
La literatura, por lo general, hacer referencia a textos pasados que se extienden del siglo xvi al xx, y que comprenden un campo complejo del saber. De acuerdo con Vásquez (2008), se puede llamar literatura a un corpus de textos sacralizados y clasificados por un metalenguaje, donde “hay una apuesta en escena de lo simbólico, no del contenido” (p. 92). No obstante, esta concepción sobre literatura se enriquece si se reconoce que, en un mundo globalizado, el conocimiento también circula por vías del saber popular y no exclusivamente por la ciencia. Eso permite que la literatura sea un diálogo de escrituras, donde la historia se comunica interactuando e interrelacionándose entre sí.
En ese orden de ideas, la enseñanza de la literatura también ha sufrido transformaciones. Inicialmente se privilegiaba el estudio del autor y del contexto histórico en que se sitúa la obra, posteriormente se centró en el análisis intrínseco del texto y más recientemente, ha cobrado protagonismo la perspectiva del lector, conocida como “estética de la recepción literaria, lo que corresponde al goce o place que provoca leer en el sujeto” (Vásquez, 2008, p. 15).
De allí surge el interés educativo por la literatura, porque el docente asume la postura de Jorge Luis Borges, donde lo que se enseña no es literatura, sino el amor por una obra, por una línea memorable, por un verso, por una idea. Lo enseñable entonces es una pasión (Vásquez, 2008, p. 39). La pasión que se encarna genera en otros el contagio y el deseo de leer con vehemencia; pero, para lograrlo, se deben sobrepasar las esferas de la escolaridad. Esto último se refiere a la experiencia estética, donde el maestro logra transformar la asignatura de literatura en una mediación de la palabra escrita para ponerse en relación y configurar otros colectivos, pueblos, mundos y sociedades.
Vásquez (2008) brinda algunas recomendaciones didácticas en el uso de la literatura en el aula: 1) los maestros deben formarse, 2) no trabajar los textos por fragmentos de obras. Abordar la literatura requiere de su integralidad y 3) abarcar la profundidad de la obra y no la cantidad de obras.
En ese sentido, cuando la literatura cuenta con una internacionalidad formativa, deja de ser solo arte para convertirse en estrategia educativa. No se trata únicamente de leer por placer, sino de enseñar a pensar, sentir y cuestionar. Utilizar la literatura como recurso pedagógico es apostar por una formación integral donde las emociones, los valores y el pensamiento crítico se entrelazan. Por tanto, es una estrategia didáctica que no solo transmite contenidos, sino que forma conciencia y construye humanidad.
La literatura ayuda a comprender la condición humana al hacer visibles los comportamientos, a veces no observables, y reconocer lo humano en los otros por medio de la imaginación. Hernando Téllez (1951) (citado en Serrano, 2023) plantea que la literatura permite identificarse con los sentimientos comunes, las experiencias parecidas, la filiación cultural y así empezar a saberse más humano; pero también, a ponerse en contacto con lo mejor del lenguaje, alimentando el mundo simbólico, exaltando la creatividad y desarrollando placer por la lectura.
Por tanto, la literatura tiene la tarea de la formación continua, pues va más allá de ser una expresión artística. Cumple una función educativa esencial: forma, transforma y humaniza. En el aula, no solo transmite conocimientos lingüísticos o históricos, sino que abre ventanas hacia mundos posibles, estimula el pensamiento crítico y fortalece la sensibilidad ética. Desde la infancia hasta la juventud, la literatura permite que los estudiantes se reconozcan en los personajes, comprendan otras realidades y desarrollen empatía. En contextos marcados por la violencia, la exclusión o la indiferencia, leer LIJ se convierte en un acto de resistencia y reconstrucción social.
La literatura como estrategia didáctica
El abordaje de la literatura va más allá de los contenidos curriculares que representan las asignaturas de lenguaje o español. Cuando el estudiante se acerca a la literatura sufre un cambio: no es el mismo antes y después de haber leído una obra. Por esa razón, en la enseñanza de la literatura se busca que, a través del gozo por leer, el estudiante logre discernir y conocer otras perspectivas, lenguajes y mundos.
Dado lo anterior, la literatura infantil y juvenil (LIJ) no es un género menor, su profundidad reside en el contenido del texto y las historias, las imágenes mentales que provocan las oraciones, su musicalidad y las ilustraciones que acompasan la lectura. Es así como se pueden establecer que la importancia de la LIJ radica en fomentar el juego y la imaginación captando el interés del niño y estimulando su creatividad; propiciar agrado para la vista y el oído por su musicalidad, rima y ritmo; revitalizar los procesos comunicativos facilitando la comprensión del mensaje; promover valores y ofrecer referentes de vida, y permitir valorar tanto la labor del lector como la del autor (González, 2023).
Sumado a lo anterior, la palabra en la literatura (escrita o escuchada) presenta relevancia porque hace parte de los símbolos de la vida (García, 2016). La palabra permite adentrarse al mundo interior, a la intimidad, a los sentimientos más profundos y a todo aquello que define a la persona. La palabra permite una “relación porque está abierta a la conversación e intercambio” (García, 2016, p. 87). De hecho, posee dos valores, según Grigelmo (2007): el primero, concierne al personal que va ligado a la propia vida; y el segundo, el que alcanza la colectividad. Este último, abarca una extensión mayor porque su significado permite que las voces extiendan las palabras. Es por esa razón que, en la literatura, las palabras como paz, amor, fe o libertad no solo son palabras, sino que se heredan y se viven como hechos. Con la palabra también hay un “nosotros”, con el cual otro puede identificarse, pero también hay un “ninguno”.
En este sentido, la literatura como estrategia didáctica contribuye al desarrollo cognitivo y lingüístico de los estudiantes fortaleciendo sus dimensiones ética, emocional y relacional. Integrar la LIJ en la praxis pedagógica cotidiana permite a los estudiantes ser conscientes de que la palabra construye, deconstruye y, en ocasiones, destruye. Lamentablemente, las palabras se han arrojado alguna vez contra alguien.
La LIJ entonces cuida de las palabras y suele darles una nueva vida. Mediante la experiencia estética de la palabra se abre la posibilidad de formar lectores críticos y sensibles, capaces de reconocer con la palabra una manera de transformar los vínculos, las experiencias y las reacciones dentro de la escuela. Su poder es inmedible.
La poesía para “redoblar la vida”
Hoy en día, pareciera que la sociedad se encuentra en un constante analfabetismo por la vida. El asombro se ha perdido dado el ruido de la cotidianidad, el deseo de éxito, el cumplimiento de las actividades y por la supervivencia. Mientras tanto, la poesía ayuda a renovar el mundo, redescubrir las cosas y apreciar el silencio mediante metáforas, figuras, imágenes y símbolos que al final restituyen el mundo, como lo expresa Jorge Luis Borges (Vásquez, 2028).
En la poesía infantil y juvenil, se puede observar que hay un desprecio literario porque se le considera un daño a la escritura por el excesivo uso de diminutivo, de historias pobres, de rima sin coherencia ni expresividad. Sin embargo, considerar a los niños como si su vida cotidiana tuviese un lenguaje, raciocinio y una experiencia vivida limitados es un error. Tanto para los infantes como para los adultos, la poesía asume el tránsito de la palabra en el tiempo, y fluye hasta los lugares habitados por el hombre: “acapara cada instante del pensamiento, rememora, revela y cobija el mundo mágico para reverenciar la grafía” (González, 2023, p. 19).
De este modo, la poesía no debe limitarse únicamente a los actos conmemorativos, pues ello implica ignorar su riqueza rítmica, su musicalidad, los juegos del lenguaje y el potencial de sus figuras retóricas (Vásquez, 2008). La poesía entonces es una forma de conocer, donde se buscan las esencias, concreciones y síntesis. Permite “acceder a territorios inadvertidos, inconmensurables, ignotos, adentrarnos a las fronteras del yo y las facetas en ella […] ofrece vida desde otros ángulos” (Vásquez, 2008, p. 20).
Por esa razón, la poesía en la infancia no es tarea sencilla. Hay que adentrarse en los ámbitos de referencia de los niños como sus relaciones con el entorno y su imaginación. Eso posibilita brindar magia al pensamiento para atrapar al lector, especialmente porque la poesía no siempre dice las cosas de manera directa, sino que es sugerente. Allí surge, en las primeras edades, la comprensión del texto. En ese orden de ideas, la poesía en la edad escolar no solo se refiere a presentar palabras concatenadas para la lectura, sino que enamoren al niño para el disfrute de la lectura por medio de las letras, imágenes gráficas, imágenes mentales, rima y musicalidad para interiorizar la palabra (Vásquez, 2008).
Tristemente, en el aula, la poesía ha permanecido marginada. Se le ha reducido a la obligatoriedad del currículo y tratamientos morales. Por el contrario, la poesía es medio de comunicación para la sensibilización e interiorización de los estadios de la imaginación (González, 2023, p. 22). Bien menciona Piedad Bonnet que:
Los maestros le temen a la poesía: ya en sus manos el poema, no saben qué hacer con él; si disectarlo cruelmente dejándolo convertido en cuatro metáforas, dos metonimias, un símil y de paso un cadáver, o si llenarlo de suspiros y silencios, ante la imposibilidad de comunicar sus más hondos alcances. (citada en González, 2023, p. 24)
Desde esa perspectiva, la poiesis que trae consigo la poesía se aleja entonces de la “creación de la vida y sueño, del amor y el arte, de la revelación y libertad, de la pasión y la escritura” (González, 2023, p. 22).
Es así entonces como, para reconocer la poesía infantil y juvenil se debe tener en cuenta:
parte de la realidad social de los niños, los contenidos que manejan los estados anímicos y psíquicos; comunicar, no solo describir; sugerir múltiples formas, colores, sonidos, sentimientos; utilizar absurdos que alimentan la imaginación y la fantasía; generar bienestar interior transmitiendo armonía y belleza; uso del lenguaje común, no rebuscamientos, para que se seduzca bajo la musicalidad; apropiación del verso o prosa (Vásquez, 2008).
Por su parte, Luis García Montero (2016) y González (2023) proporcionan unas recomendaciones en el proceso de escritura de poesía en la sala de clase: 1) aprender a mirar: ver el mundo de una forma curiosa, centrándose en los detalles de la vida y los acontecimientos humanos; 2) uso de los juegos mentales mediante las figuras retóricas: la personificación, la prosopopeya, la metáfora, el símil, la aliteración, la onomatopeya, el calambur, la hipérbole y la sinestesia (Tabla 1); 3) uso de ejercicios poéticos como: caligramas, bestiarios, trabalenguas, adivinanza, acróstico, haiku, historias, cadáver exquisito, poema ilustrado, fábulas, cartas, vida al revés, declaraciones, sueños, traducciones, inventarios, rimas, diálogos, confesiones, enumeraciones, prosa, instrucciones, observación, equipajes, entre otros; 4) no exagerar con los diminutivos ni lo rimbombante: la poesía no es para demostrar lo erudito del poeta, sino para llegar a los demás y 5) leer LIJ.
Tabla 1. Ejemplos de figuras retóricas en la poesía
Personificación (Autor anónimo(Rafael Pombo, 1996, p. 23) |
Prosopopeya (Autor anónimo) |
Metáfora (Luis García Montero, 2016, p. 35) |
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El hijo de Rana, Rinrín Renacuajo, Salió esta mañana muy tieso y muy majo |
Una raya para un lado Otra raya para el otro El siete ya lo tenemos Podemos pasear en potro |
La mano inteligente de la calefacción Acaricia los libros de la casa |
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Símil (Autor anónimo) |
Aliteración (Rima popular) |
Onomatopeya (Canto popular) |
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Miguel es tan alto como una escalera |
Erre con erre cigarro Erre con erre barril Rápido corren los carros Cargados de azúcar al ferrocarril |
Cucú, cucú, cantaba la rana Cucú, cucú, debajo del agua |
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Calambur (Adivinanza popular) |
Hipérbole (Tany Fernández, 2022) |
Sinestesia (Fernando Pessoa, 2011, p. 40) |
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Oro no es |
Papá me regaló unos pantalones cortos ¡qué frío siento en las rodillas! me quedan tan altos que hasta un duende se viste todito con ellos. |
Es suave el día, suave el viento, Es suave el sol, suave el silencio. ¡Así fuera mi pensamiento! ¡Así sería yo, así sería yo! |
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Palíndromo |
Limerick (Autor anónimo) |
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En la nada pasa Adán |
Un médico argentino, Que era muy buen vecino, Un día quiso hacer una cosa Y operó a una mariposa, Qué bueno ha sido el médico argentino |
Todos estos pasos revitalizan el lenguaje y la experiencia de niños y jóvenes. El poema funciona como una conversación sobre lo vivido, lo imaginado y el mundo interior; al mismo tiempo, se convierte en patrimonio colectivo cuando alguien se identifica con él. La poesía acoge la realidad en todas sus facetas, buenas y malas, y con la imaginación es posible transformarla. Esa imaginación exige entonces responsabilidad, pues no se limita a lo subjetivo o estético, sino que también expresa el dolor social. Por ello, la poesía, aunque pueda ser atemporal, está anclada en su contexto, se vincula con el idioma, permite escapar y permite hablar en desnudo sobre lo humano (Szwarc, 2018). La poesía entonces es sincera y no miente porque su palabra tiene resonancia en los demás, como una especie de rebeldía (García, 2016).
Ese el caso de los poetas como Mario Benedetti (Uruguay), Roque Dalton (El Salvador), Pablo Neruda (Chile), Sor Juan Inés de la Cruz (México), Blas de Otero (España), Federico García Lorca (España) o Piedad Bonnet (Colombia), quienes tomaron la palabra para dar voz a las realidades sociales y políticas de su tiempo. Algunos de los poemas son:
El sur también existe
pero aquí abajo abajo / cerca de las raíces / es donde la memoria / ningún recuerdo omite / y hay quienes se desmueren / y hay quienes se desviven / y así entre todos logran / lo que era un imposible / que todo el mundo sepa / que el Sur también existe. (Benedetti, 1999, p. 153)
O La patria, de María Mercedes Carranza: “Las ventanas muestran paisajes destruidos, / carne y ceniza se confunden en las caras, / en las bocas las palabras se revuelven con miedo. // En esta casa todos estamos enterrados vivos” (2014, p. 77).
Es así como la poesía no se escribe únicamente para dar sentido a las experiencias vividas o a las reflexiones cotidianas. Mediante la palabra escrita u oral, los poetas se convierten en guardianes de lo verdaderamente humano. Por ello, entre los temas que aborda la poesía están la guerra, la violencia, la muerte y la libertad, así como el amor, el paso del tiempo, la naturaleza, lo divino y la belleza.
Dado lo anterior, la poesía en la escuela debería posibilitar el encuentro con el otro, con lo otro y con los otros, así como las experiencias de ciudadanía, diálogo intercultural y formación ética. Tanto encuentros como experiencias pueden configurarse como laboratorio de aprendizaje donde se abordan las palabras y se experimenta una carga simbólica que evoca imágenes a partir de la historia personal vivida, los códigos personales y la experiencia particular. En la escuela, la poesía es un recurso que permite narrar adentrándose a las sensaciones, los olores y las texturas que no recaen en la caracterización o descripción detallada. La poesía en las primeras edades agudiza la sensibilidad y vuelve a los individuos más sutiles, menos superficiales y capaces de descubrir otras formas de vivir y otros mundos posibles. La poesía es una manera integral de conocer; todo se pone en juego y hay una apropiación de la realidad.
La literatura: mediadora en el acoso escolar
Abordar la relación entre la literatura y el acoso escolar implica considerar tres enfoques complementarios entre sí: primero, las obras diseñadas específicamente para visibilizar y atender el acoso; segundo, el análisis de textos que abordan la violencia escolar con fines de reflexión y tercero, el estudio de narrativas que reproducen o normalizan actos violentos en sus historias. Estas posturas permiten entonces ampliar de manera integral la comprensión del fenómeno del acoso escolar, ya que la literatura no solo actúa como espejo de las realidades escolares, sino como estrategia didáctica que puede sensibilizar, cuestionar y movilizar a los lectores frente a las dinámicas de violencia.
Con respecto al aporte de la literatura en la atención directa del acoso escolar, se puede decir que esta, como la lectura de otros documentos, es uno de los métodos que permite enfrentarse críticamente a la realidad por medio de la profundización en aquellos que ya plantean conflictos y que convierten un asunto problemático en un tema de debate y reflexión (Aldaz et al., 2023). Es por esa razón que, los textos literarios amplían el proceso formativo porque los
acontecimientos que transcurren en el relato, así como los personajes que cobran vida a través de las palabras, se convierten en experiencias que pueden tener influencia en la orientación de nuestras actitudes y comportamientos, además de influir en nuestros propios juicios morales. (Yubero et al., 2022a, p. 1)
Así se reconocen, se imitan los valores representados, o se rechazan comportamientos porque en las narrativas se refleja la realidad humana con determinados temas sociales, pero también se abre el camino para su prevención e intervención socioeducativa. No obstante, se hace necesario el diálogo compartido para lograr en los niños la reflexión.
Sobre el análisis de textos para propiciar reflexión, se ha visto que el tema de la violencia escolar no es nuevo en la literatura. Las series clásicas infantiles y juveniles, como Harry Potter, han mostrado que el bullying es una realidad que afecta a los protagonistas; solo que al día de hoy su tratamiento ya no es anecdótico o secundario, sino tema central debido a las consecuencias que tiene para quien lo sufre. De ahí que, el enfoque que da la literatura al acoso escolar se centra en la caracterización y edades de los personajes, la descripción del acoso y el tipo de resolución planteada. Suelen presentar las dificultades desde el punto de vista de la víctima más que del agresor. Esto se debe que hay una intención de provocar empatía o piedad (Cañamares & Navarro, 2015).
Eso sí, es común que en las “obras infantiles y juveniles aparezcan ‘observadores’ que ofrecen respuestas muy variadas, desde ayudar y defender a las víctimas hasta animar el ataque […] o que se incluya la presencia de un adulto que ofrece su ayuda o intervención” (Cañamares & Navarro, 2015, p. 42).
Ahora bien, en torno al análisis de los textos que perpetúan las conductas violentas en el aula, se ha podido indicar que “la literatura no crea agresión, pero puede causar un cambio en las actitudes y el comportamiento hacia la agresión” (Mihaí, 2014, p. 39). Leer en la escuela motiva a la comprensión y análisis de la obra, lo que puede interiorizar valores o conductas agresivas promovidos por los personajes que se convierten en modelos positivos o negativos. Lamentablemente, hay publicaciones populares cuyos episodios animan a la perversidad y el crimen (Yubero et al., 2022b). La influencia de la literatura en la mente de los niños y jóvenes puede lograr desequilibrio por el estilo sensacionalista y sentimentalista de algunos textos alejados de la verdad y el arte que trae consigo la literatura. En ese orden de ideas, la literatura también es responsable del comportamiento violento de los estudiantes en tanto puede provocar violencia verbal y un comportamiento agresivo (Mihaí, 2014).
A causa de lo anterior, la literatura desempeña un papel clave en la resolución de conflictos en el aula, porque es en ese espacio donde la lectura se comparte y se aprende a convivir: aceptar las diferencias, fortalecer vínculos, asumir responsabilidades y fomentar la autonomía (Dias, 2023; Gómez & Ruiz, 2023). Para que esto ocurra, es imprescindible promover la lectura crítica como herramienta de acción social y como recurso para mejorar las condiciones de vida del estudiante en relación con su entorno. Aunque la lectura crítica ayuda a comprender las consecuencias de la violencia, es necesario profundizar en su alcance conceptual y operacionalizar a partir de los tres planos propuestos por Cassany (2017) (citado en Oré. 2023) (Figura 1).
Figura 1. Tres planos de la lectura crítica

Fuente: Oré (2023).
Es así como la literatura puede ser mediadora para transmitir valores que minimicen los actos violentos en la escuela. Con ella, los niños y jóvenes se involucran emocionalmente y reflexionan sobre las actitudes humanas y los sucesos de la historia; además, los relaciona con sus propias experiencias, lo que les permite establecer un vínculo.
Actividades de aula con la LIJ para una cultura de paz
Existen variados recursos literarios que pueden utilizarse en las planeaciones pedagógicas para trabajar sobre el acoso escolar, los valores y la convivencia de aula. No obstante, deben complementarse con otras actividades y recursos que ayuden en el afianzamiento de los propósitos educativos iniciales.
Por un lado, se encuentran las tipologías textuales como los texto narrativos, informativos, descriptivos, argumentativos y expositivos; por otro lado, son muy útiles en el aula los distintos géneros literarios como poemas, odas, sonetos, novelas, cuentos, epopeyas, obras de teatro, tragedias y comedias. Por sí solos arrojan información acompañada de una carga imaginativa, cognitiva y emocional que requieren canalizarse para su comprensión. Por tanto, elementos pedagógicos como materiales impresos (libros, guías, fichas, esquemas), digitales (presentaciones, videos, plataformas, aplicaciones, juegos, simuladores), visuales (carteles, murales, álbumes, flashcards, pizarras), comunicativos (debates, foros, dramatizaciones, entrevistas, narraciones) y experimentales (salidas pedagógicas, proyectos de aula, experimentos guiados) pueden ser de gran ayuda.
En ese orden de ideas, se comparten algunas actividades de aula basadas en la LIJ para prevenir el acoso escolar. Se diseñaron bajo la Ruta de Atención a la Convivencia Escolar establecida en la Ley 1630 de 2013. Por consiguiente, se organizan en las cuatro fases que establece la ruta mencionada: promoción, prevención, atención y seguimiento (Figura 2). Conviene señalar que dichas actividades se integraron en los planes de acción desarrollados en el marco de la investigación-acción de la cual se desprende este artículo.
Figura 2. Actividades con LIJ
Preescolar y básica primaria

Básica secundaria y media

Reflexiones finales
El nulo avance que ha tenido el tratado de paz firmado el 26 de septiembre 2016, dadas las políticas de turno, afecta a nuestros estudiantes al punto de que los actos violentos en la escuela se normalizan, causando en las víctimas la deserción escolar, el mal rendimiento académico, el aumento de demandas judiciales, y en el peor de los casos, el menosprecio por la propia vida. Sin embargo, la educación, a través de la escuela, surge como una fuente de esperanza, donde sus escenarios pueden promover la formación de la cultura para la paz.
Se destaca entonces el papel de la literatura como estrategia didáctica en la comprensión y abordaje del acoso escolar. La literatura permite visibilizar y reflexionar sobre estas problemáticas; sirve como medio para fomentar la empatía y el diálogo entre los estudiantes. A través de la lectura y el análisis de textos que abordan el bullying, se puede generar una conciencia crítica que promueva actitudes prosociales y la resolución pacífica de conflictos. La inclusión de obras literarias en el currículo educativo resulta esencial para que los estudiantes puedan identificar y cuestionar las dinámicas de poder y violencia presentes en sus entornos.
Sumado a ello, se reconoció que, por medio de la escritura poética, los sujetos se convierten en soldados con la misión de cuidar lo verdaderamente humano. La poesía transforma a los estudiantes en agentes disruptivos, pues mediante la palabra rompen ciclos de manipulación, opresión y vulneración de la dignidad y los derechos. Debido a ello, en su ejercicio de escritura poética se encuentran temas como la guerra, la violencia, la muerte y la libertad, así como el amor, el paso del tiempo, la naturaleza, lo divino y la belleza, entre otros.
También se revisó de manera integral el fenómeno del acoso escolar, analizando sus diversas manifestaciones, consecuencias y leyes de prevención. Se destaca que el acoso escolar, entendido como un comportamiento intencional y repetitivo, tiene un impacto negativo significativo en la salud mental y el desarrollo académico de los estudiantes. Este fenómeno no solo afecta a las víctimas, sino que también crea un ambiente escolar hostil que perjudica a toda la comunidad educativa. La intervención temprana y la implementación de políticas educativas que promuevan la convivencia pacífica son fundamentales para mitigar estos efectos.
Finalmente, se subraya la necesidad de un enfoque multidimensional que integre las perspectivas psicológicas, sociales y educativas en la lucha contra el acoso escolar. Esto marca un nuevo horizonte de actuación pedagógico, pero también teórico sobre la relevancia de la literatura en la formación de la convivencia. Igualmente, se enfatiza en que la colaboración entre familias, escuelas y comunidades es esencial para crear un entorno seguro y respetuoso. Por su parte, las leyes existentes deben implementarse de manera efectiva, y es vital adoptar estrategias que, además de sancionar, eduquen y prevengan el acoso escolar, con el propósito de promover una cultura de paz y respeto en las instituciones educativas.
Referencias
1 Este artículo surge como resultado del proceso investigativo “Diseño de poesía infantil desde la voz de los estudiantes de transición como recurso para la atención del acoso escolar. Un estudio comparado entre tres instituciones educativas colombianas” (C123-310-001), financiada por la convocatoria interna 2023-2024 de la Corporación Universitaria Minuto de Dios – UNIMINUTO.
2 Corporación Universitaria Minuto de Dios – UNIMINUTO, Bogotá, Colombia. https://ror.org/01r0dam38