RHS. Revista. Humanismo. Soc. 14(1), e1/1-23, ene.- jun. 2026 / ISSNe 2339-4196

 

Revisión de tema

 

 

 

Variables estructurales y contextuales asociadas a la intención emprendedora en contextos rurales:
una revisión crítica para el caso de La Pola

 

Structural and Contextual Variables Associated with Entrepreneurial Intention in Rural Contexts: A Critical Review for the Case of La Pola

 

Evangelina Patiño Ceballos1

evangelina.patino@uniremington.edu.co

https://orcid.org/0009-0002-4190-4164

 

Héctor Alonso Molina Huertas1

hectormolinahuer@gmail.com

https://orcid.org/0009-0001-2586-9277

 

Luis Fernando Moncada Rendón1

lmoncadarendon@yahoo.es

https://orcid.org/0009-0000-2015-0370

 

 

https://doi.org/10.22209/rhs.v14n1a01

 

 

Recibido: mayo 16 de 2025.

Aceptado: noviembre 24 de 2025.

 

Para citar: Patiño Ceballos, E., Molina Huertas, H. A., & Moncada Rendón, L. F. (2026). Variables estructurales y contextuales asociadas a la intención emprendedora en contextos rurales: una revisión crítica para el caso de La Pola. RHS-Revista Humanismo y Sociedad, 14(1), 1-23. https://doi.org/10.22209/rhs.v14n1a01

 

 

Resumen

Este artículo analiza los factores estructurales y contextuales que influyen en la intención de emprender de los propietarios de predios en la vereda La Pola, municipio de Circasia, Quindío, Colombia. Parte de la premisa de que la intención emprendedora no puede comprenderse únicamente desde modelos psicológicos como la teoría del comportamiento planeado de Ajzen, pues en contextos rurales inciden variables como entorno económico, políticas públicas, infraestructura, acceso a tecnología, turismo, cultura y aspectos fiscales y contables, que determinan la decisión de emprender. Metodológicamente se adopta un enfoque de revisión bibliográfica estructurada con el objetivo de identificar variables relevantes que permitan comprender las barreras e incentivos que enfrentan los propietarios rurales al momento de emprender y construir un marco analítico que sirva como base para el diseño posterior de instrumentos de recolección de información. El artículo presenta nueve grupos de variables identificadas en la literatura científica, institucional y técnica, asociadas a barreras o incentivos para el emprendimiento, diferenciando entre emprendimientos por oportunidad y por necesidad. Se concluye que la interacción entre estos factores, en un entorno patrimonial y turístico como el de La Pola, demanda enfoques integrales y políticas públicas contextualizadas que promuevan estrategias de fomento acordes con las realidades locales.

 

Palabras clave: emprendimiento, entorno, necesidad, oportunidad, turismo, variables determinantes.

 

Abstract

This article examines the structural and contextual factors that influence the entrepreneurial intention of property owners in the village of La Pola in the municipality of Circasia, Quindío, Colombia. The study is based on the premise that the intention to start a business cannot be understood solely through psychological models such as Ajzen's Theory of Planned Behavior. In rural contexts, variables such as the economic environment, public policies, infrastructure, access to technology, tourism, culture, and fiscal and accounting aspects also influence the decision to undertake entrepreneurial activities. The methodology is a structured bibliographic review aimed at identifying relevant variables that help explain both the barriers rural property owners face and incentives that encourage entrepreneurship. Furthermore, the article seeks to build an analytical framework that serves as a foundation for designing future data collection instruments. The article presents nine groups of variables identified in the scientific, institutional and technical literature, associated with either barriers or incentives for entrepreneurship and distinguishes between opportunity-driven and necessity-driven entrepreneurship. The conclusions indicate that the interactions of these factors, in a heritage and tourism-oriented setting such as La Pola calls for comprehensive approaches and context-specific public policies that promote development strategies aligned with local realities.

 

Keywords: Entrepreneurship, Environment, Need, Opportunity, Tourism, Determinant variables.

 

Introducción

 

La vereda La Pola, ubicada en el municipio de Circasia, departamento del Quindío, forma parte del paisaje cultural cafetero colombiano, un territorio declarado patrimonio mundial por la UNESCO debido a su singularidad productiva, ambiental y cultural. En esta región —históricamente marcada por la caficultura, el turismo rural y la economía de subsistencia—, el emprendimiento surge como una alternativa de dinamización económica, especialmente para los propietarios de predios que buscan nuevas fuentes de ingreso o formas sostenibles de habitar su territorio.

 

Sin embargo, la decisión de emprender no ocurre en un vacío. La literatura ha demostrado que la intención de emprender está condicionada por múltiples factores. Si bien modelos como la teoría del comportamiento planeado (Ajzen, 1991) han permitido comprender las disposiciones individuales hacia la acción emprendedora, estos enfoques resultan insuficientes cuando se aplican a contextos rurales atravesados por condiciones estructurales específicas.

 

La distinción entre emprendimiento por necesidad y emprendimiento por oportunidad (Reynolds et al., 2005) permite vislumbrar que el entorno no solo afecta las posibilidades materiales de emprender, sino también la forma en que las personas interpretan dichas posibilidades.

 

Este artículo parte de la hipótesis de que, en la vereda La Pola, la intención de emprender está profundamente mediada por variables estructurales y contextuales como la economía local, el acceso al empleo, la presencia o ausencia de infraestructura, las políticas públicas, la cultura comunitaria, las condiciones ambientales, el acceso a la tecnología, las posibilidades de financiamiento y los marcos fiscales y contables. Por tanto, se plantea la necesidad de construir una lectura más amplia de la intención emprendedora, que incorpore estos factores como parte del análisis.

 

El objetivo general es identificar, a partir de una revisión bibliográfica, un conjunto de variables relevantes que permitan comprender las barreras e incentivos que enfrentan los propietarios de predios rurales al momento de considerar emprender. El texto se estructura en seis apartados: primero, un marco conceptual que discute las nociones de intención emprendedora y las limitaciones de los enfoques tradicionales; segundo, la metodología utilizada para la revisión; tercero, la presentación de los resultados agrupados en nueve categorías de variables; cuarto, la discusión crítica de los hallazgos; quinto, una propuesta inicial para el diseño de instrumentos de recolección de información; y, finalmente, una sección de conclusiones que propone líneas futuras de investigación aplicada.

 

Marco conceptual

 

La intención emprendedora

 

La intención emprendedora ha sido objeto de diversos marcos teóricos que buscan explicar qué motiva a una persona a iniciar una actividad empresarial. Uno de los modelos más influyentes es la teoría del comportamiento planeado (Ajzen, 1991), que plantea que la intención de realizar una conducta depende de tres factores principales: la actitud hacia la conducta, la norma subjetiva y el control percibido. Este modelo ha sido ampliamente aplicado en estudios sobre emprendimiento, ofreciendo una base para identificar factores individuales que inciden en la disposición a emprender.

 

Paralelamente, otros enfoques han incorporado dimensiones más estructurales. El modelo del capital humano (Becker, 1964) sugiere que la educación y la experiencia laboral son factores determinantes en la probabilidad de emprender y en el éxito del emprendimiento. A esto se suma la perspectiva de los ecosistemas emprendedores (Stam, 2015), que subraya la interacción entre actores, instituciones, cultura y recursos en la generación de dinámicas emprendedoras sostenibles a nivel territorial.

 

También es clave la distinción entre emprendimiento por necesidad y por oportunidad (Reynolds et al., 2005), especialmente en contextos como el rural, donde muchas veces emprender surge como la única alternativa ante la falta de empleo formal. Mientras que el emprendimiento por necesidad se vincula con la supervivencia, el emprendimiento por oportunidad implica identificar condiciones favorables en el entorno, lo que exige una capacidad distinta de observación, estrategia y riesgo.

 

Estas aproximaciones, aunque valiosas, no agotan la complejidad de las decisiones de emprender, particularmente en contextos rurales donde la cultura, las redes sociales, los imaginarios colectivos y las condiciones materiales del territorio son determinantes.

 

Limitaciones de los enfoques tradicionales

 

Si bien los modelos clásicos como el de Ajzen han sido ampliamente utilizados en investigaciones sobre intención emprendedora, su enfoque centrado en el individuo presenta limitaciones al ser aplicado en contextos donde las condiciones estructurales tienen un peso decisivo.


La intención de emprender no se genera únicamente desde la voluntad individual, sino desde la interpretación situada de las oportunidades, los recursos disponibles, las restricciones sociales y las experiencias previas de los actores.

 

Autoras como Linda Tuhiwai Smith (2012) y Boaventura de Sousa Santos (2009) han advertido sobre los riesgos de aplicar modelos analíticos universales sin tener en cuenta los saberes locales, las trayectorias históricas y los marcos culturales en los que se insertan los fenómenos sociales. En el caso del emprendimiento rural, esta crítica resulta especialmente pertinente: no se puede analizar la intencionalidad emprendedora sin atender a los modos de habitar, de concebir el trabajo, la tierra, el dinero y la autonomía.

 

Además, los enfoques centrados en variables individuales suelen ignorar factores como la carga tributaria, la accesibilidad a servicios financieros, las condiciones de movilidad, la disponibilidad de información contable, o la brecha digital, elementos que inciden directamente en la posibilidad de emprender, sostener o escalar un proyecto productivo.

 

Por estas razones, se hace necesario adoptar un marco analítico más amplio, que combine variables estructurales, contextuales y simbólicas, capaces de captar la complejidad de las decisiones emprendedoras en territorios como La Pola.

 

Metodología

 

Este artículo se construye a partir de una revisión bibliográfica narrativa con enfoque crítico, orientada a identificar y categorizar las variables estructurales y contextuales que influyen en la intención de emprender en territorios rurales. A diferencia de una revisión sistemática centrada en hallazgos cuantificables o en el cálculo de efectos, se privilegia aquí un abordaje cualitativo y analítico, que permita comprender la densidad conceptual, la variedad de enfoques y las tensiones presentes en el campo de estudio.

 

La búsqueda bibliográfica se realizó en bases como Google Scholar, Redalyc, Scielo, Scopus y repositorios institucionales, usando combinaciones de palabras clave como: intención emprendedora, emprendimiento rural, factores estructurales, turismo rural, contexto territorial, política pública local, acceso a TIC, educación emprendedora, entorno fiscal, entre otras. Se priorizaron publicaciones de los últimos 15 años, aunque se incorporaron también obras clásicas por su relevancia fundacional (Becker, 1964; Ajzen, 1991; Freire, 1996).

 

Los criterios de inclusión fueron:

 

 

Se excluyeron trabajos puramente motivacionales o centrados exclusivamente en características individuales de emprendedores, así como estudios no verificables por origen o método.

 

La información recolectada fue organizada en nueve grupos de variables, a partir de los patrones comunes identificados en la literatura, y confrontada con los elementos observados en el caso específico de la vereda La Pola. Esta organización busca sentar las bases para una posterior construcción de instrumentos de diagnóstico que puedan captar, de forma más contextualizada, los factores que operan como barreras o incentivos para la decisión de emprender.

 

 

Variables económicas

 

El contexto económico en el que se inserta una comunidad rural es uno de los determinantes más directos en la percepción de viabilidad para emprender. En términos generales, la estabilidad macroeconómica, el dinamismo sectorial, la diversificación productiva y la presencia de circuitos comerciales influyen en la cantidad y calidad de oportunidades percibidas por los actores locales.

 

Autores como Schumpeter (1934) y, más recientemente, Acs, Desai y Hessels (2008), sostienen que el emprendimiento no solo es una respuesta a necesidades individuales, sino un mecanismo central para activar el desarrollo económico en contextos periféricos, siempre que existan las condiciones estructurales adecuadas. En economías locales donde prevalece la monocultura o el trabajo informal, las oportunidades tienden a concentrarse en nichos estrechos, lo que limita la emergencia de iniciativas emprendedoras innovadoras o sostenibles.

 

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura [FAO] (2013), la persistencia de estructuras de pobreza rural en América Latina limita no solo el acceso a recursos, sino también la posibilidad de visualizar el emprendimiento como una opción distinta a la subsistencia.

 

Además, Garzón (2017) subraya que las políticas públicas inclusivas en el ámbito económico deben contemplar enfoques territoriales para evitar que los beneficios se concentren en sectores urbanos o agroindustriales dominantes.

 

En el caso de veredas como La Pola, el predominio de actividades agropecuarias tradicionales, la dependencia de mercados intermitentes o inestables, y la escasa articulación con cadenas de valor regionales más amplias, pueden constituir barreras estructurales para el emprendimiento. La falta de acceso a insumos, a tecnologías productivas y a información comercial reduce la competitividad de los pequeños productores y desincentiva la formalización de nuevos negocios.

 

No obstante, cuando existen condiciones mínimas de estabilidad económica y circuitos de comercialización abiertos, estas variables pueden actuar como incentivos importantes. Por ejemplo, la creciente demanda de productos con identidad territorial, los canales cortos de comercialización y el valor agregado derivado de la sostenibilidad ambiental son elementos que, bien gestionados, pueden convertirse en motores para el emprendimiento rural.

 

En suma, las variables económicas son determinantes tanto en términos objetivos (infraestructura de mercado, costos de producción, acceso a recursos) como subjetivos (percepción de riesgo, valoración del esfuerzo, expectativas de retorno). Su análisis resulta clave para comprender por qué ciertos territorios generan mayor densidad emprendedora que otros, aún en condiciones demográficas o culturales similares.

 

 

Empleo y fuentes de ingreso

 

El acceso al empleo y la estabilidad en las fuentes de ingreso son factores que moldean directamente la decisión de emprender, tanto en contextos urbanos como rurales. En regiones como La Pola, donde el mercado laboral formal es limitado y la mayoría de las actividades económicas se desarrollan en la informalidad o bajo modelos familiares de subsistencia, el emprendimiento aparece muchas veces como una estrategia de generación de ingresos, más que como una vocación o aspiración.

 

De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo [BID] (2020b), el impacto del COVID-19 debilitó aún más las economías locales en América Latina, aumentando la informalidad y empujando a miles de trabajadores rurales hacia iniciativas emprendedoras por necesidad.

 

A nivel estructural, el Índice de Políticas para PYMES (OECD, 2023) revela que el acceso a fuentes de ingreso estables continúa siendo un desafío en las zonas rurales, lo que condiciona directamente las motivaciones emprendedoras.

 

Según Reynolds et al. (2005), en entornos caracterizados por altos niveles de desempleo o subempleo, el emprendimiento suele surgir como una respuesta a la precariedad laboral, es decir, como una alternativa de supervivencia. Este tipo de emprendimiento por necesidad suele estar marcado por una baja capacidad de innovación, escasa acumulación de capital y altas tasas de deserción.

 

Por el contrario, cuando existen fuentes de ingreso estables, sistemas de seguridad social, o posibilidades de acumulación, los individuos pueden emprender con una perspectiva más estratégica, apostando por modelos de negocio sostenibles y de mayor impacto: el emprendimiento por oportunidad.

 

En zonas rurales, estas distinciones adquieren matices importantes. Las dinámicas estacionales del trabajo agrícola, la migración laboral temporal y la informalidad estructural del campo dificultan la construcción de trayectorias económicas continuas. A esto se suma la limitada cobertura de servicios de empleo, capacitación o crédito, lo cual restringe las posibilidades reales de emprendimiento más allá de la mera subsistencia.

 

Sin embargo, algunos estudios muestran que, incluso en estos contextos, el emprendimiento puede actuar como mecanismo de transformación económica si se articula con redes locales, conocimiento tradicional y nuevas formas de economía popular y solidaria (de Janvry & Sadoulet, 2001; Freire, 1996). De allí la importancia de no asumir automáticamente que los territorios con baja empleabilidad carecen de potencial emprendedor, sino de identificar con mayor precisión los factores de vulnerabilidad o apalancamiento que las fuentes de ingreso representan para la población.

 

Turismo

 

El turismo ha sido reconocido como uno de los principales motores del emprendimiento en territorios rurales y patrimoniales. En contextos como el del Quindío, donde confluyen atractivos naturales, culturales e históricos, el turismo representa no solo una fuente directa de ingresos, sino también un campo fértil para el surgimiento de nuevas actividades económicas asociadas a la hospitalidad, la gastronomía, las artesanías, el guiado interpretativo y la valorización del paisaje.

 

El Real Instituto Blanco (2024) destaca que el fortalecimiento del ecosistema emprendedor en América Latina puede encontrar en el turismo rural una vía estratégica, siempre que exista una articulación entre innovación, identidad local y política pública.

 

La literatura sobre clústeres turísticos (Porter, 1990) ha evidenciado cómo la concentración de actividades interconectadas en un mismo territorio genera ecosistemas emprendedores dinámicos, capaces de activar redes de cooperación, innovación y especialización.

 

Cuando existe articulación entre oferta, demanda y políticas de apoyo, el turismo actúa como incentivo poderoso para la creación de emprendimientos. Esto es particularmente evidente en territorios donde las actividades tradicionales (agricultura, producción artesanal, saberes locales) pueden ser resignificadas y revalorizadas como experiencias para el visitante.

 

Sin embargo, no todo turismo rural se traduce automáticamente en emprendimiento inclusivo o sostenible. Diversos estudios han señalado que, cuando el turismo no está adecuadamente regulado o gestionado, puede conducir a procesos de desplazamiento económico, concentración de beneficios en pocos actores, pérdida de autenticidad cultural e incluso deterioro ambiental (OECD, 2017).

 

En este sentido, la capacidad de un territorio como La Pola para canalizar el turismo hacia procesos de emprendimiento depende de factores como el acceso a formación, la asociatividad local, la disponibilidad de infraestructura básica y la existencia de plataformas de promoción.

 

En algunos casos internacionales, como las visitas a fabricantes de Murano en Italia o a martilladores de plata en México, se han documentado formas exitosas de articulación entre turismo y oficios tradicionales, que no implican la replicación de productos en serie, sino la puesta en valor de conocimientos ancestrales como atractivos turísticos. Estas experiencias muestran que el emprendimiento turístico no se reduce a abrir hostales o cafés, sino que puede convertirse en un vehículo para la salvaguardia cultural y la generación de ingresos dignos cuando se gestiona con enfoque territorial.

 

Para territorios como La Pola, la incorporación del turismo como variable en el análisis de la intención emprendedora implica preguntarse no solo por las oportunidades que ofrece el mercado, sino por la disposición de sus habitantes a participar de estas dinámicas desde sus propios marcos culturales y saberes. Es decir, si el turismo será un incentivo o una barrera dependerá de su compatibilidad con las formas locales de vida y trabajo.

 

 

Políticas públicas e institucionalidad

 

Las políticas públicas, tanto en su diseño como en su implementación territorial, tienen una incidencia directa sobre la posibilidad de emprender. Lejos de ser un escenario neutro, el marco institucional en el que se insertan los actores locales puede actuar como facilitador o como barrera, dependiendo de la claridad normativa, la accesibilidad a los servicios del Estado, la percepción de respaldo y, sobre todo, la coherencia entre los discursos de fomento y las prácticas operativas.

Según el análisis de la OECD (2023), los marcos regulatorios simplificados y los servicios descentralizados son clave para facilitar el emprendimiento formal en zonas rurales, donde la institucionalidad suele percibirse como lejana o ineficiente. En la misma línea, el BID (2020a) enfatiza la necesidad de fomentar una cultura tributaria basada en pedagogía cívica y acompañamiento práctico, no en sanciones ni temor institucional.

 

Djankov et al. (2002), en su célebre análisis sobre la regulación de entrada, muestran que las economías con menos obstáculos burocráticos tienden a tener mayores tasas de emprendimiento formal. En esta línea, el informe Doing Business (World Bank, 2020) ha insistido en que los costos, tiempos y trámites necesarios para iniciar una empresa son una de las principales variables que determinan el comportamiento emprendedor.

 

Aunque estos estudios suelen centrarse en escenarios urbanos, sus conclusiones son particularmente relevantes en el ámbito rural, donde la distancia física y simbólica con las instituciones puede ser aún más pronunciada.

 

En muchos casos, la percepción de que “el Estado no llega” o de que los procesos son engorrosos y cambiantes genera una barrera cognitiva que desincentiva la formalización. Esto se intensifica cuando los marcos normativos no están adaptados a las particularidades de la economía rural o patrimonial, lo que puede generar una especie de “trampa normativa”: los emprendedores no acceden a apoyos porque no cumplen requisitos, y no los cumplen porque no pueden acceder a los procesos que los harían elegibles.

 

Por otro lado, cuando las entidades territoriales desarrollan estrategias claras de apoyo al emprendimiento, con líneas específicas para el ámbito rural, asesoría técnica accesible, incentivos tributarios y visibilización del producto local, se abre un espacio institucional que puede actuar como incentivo potente. De hecho, la existencia de redes de apoyo, programas de asociatividad, acceso a recursos técnicos y rutas formativas ha demostrado ser un diferencial clave en experiencias exitosas de dinamización territorial (Kantis & Federico, 2012).

 

En el caso de La Pola, la articulación entre niveles de gobierno (municipal, departamental y nacional), la presencia de instituciones de apoyo empresarial y el grado de conocimiento que los habitantes tengan sobre los instrumentos disponibles serán variables fundamentales para entender si las políticas públicas están cumpliendo un rol incentivador o, por el contrario, reforzando el retraimiento productivo.

 

 

Variables demográficas, culturales y educativas

 

Las características demográficas, las estructuras educativas y los marcos culturales son componentes fundamentales en el análisis de la intención emprendedora, especialmente en territorios rurales como La Pola. A menudo, relegadas a un plano secundario frente a variables macroeconómicas o de política pública, estas dimensiones ofrecen claves para comprender no solo las capacidades disponibles, sino los horizontes simbólicos desde los cuales las comunidades proyectan su acción económica.

 

Desde la perspectiva del capital humano, autores como Becker (1964) han enfatizado que la educación y la salud incrementan la capacidad de los individuos para asumir riesgos, innovar y gestionar negocios. No obstante, en contextos como el colombiano, donde los niveles de escolaridad y las condiciones de salud en zonas rurales son históricamente desiguales, este capital humano se ve condicionado por factores estructurales difíciles de revertir a corto plazo.

 

Más allá de la educación formal, Paulo Freire (1996) propuso una pedagogía de la autonomía, en la que la toma de conciencia crítica sobre el entorno es un acto emancipador. En clave emprendedora, esto implica que las iniciativas económicas no pueden desvincularse de los procesos educativos que las anteceden o las acompañan. La capacidad de identificar oportunidades, formular proyectos o sostener una actividad económica depende tanto de la alfabetización funcional como del desarrollo de habilidades socioemocionales y comunitarias.

 

Cortázar Velarde (2013) plantea que la educación tributaria es un componente esencial de la ciudadanía económica, especialmente en contextos donde el desconocimiento del sistema fiscal actúa como barrera subjetiva al emprendimiento. Por lo que hay que las habilidades contables básicas deben ser consideradas parte del capital cultural mínimo para emprender con sostenibilidad.

 

En cuanto a lo cultural, Boaventura de Sousa Santos (2009) advierte sobre la necesidad de reconocer epistemologías del Sur, entendiendo que las formas de saber y actuar económicamente en los territorios no siempre responden a lógicas mercantiles convencionales. En este sentido, el emprendimiento rural debe analizarse a la luz de las prácticas culturales locales, las trayectorias comunitarias y los valores que orientan la relación con el trabajo, el tiempo, la propiedad o la naturaleza.

 

Linda Tuhiwai Smith (2012), por su parte, propone una crítica a la imposición de marcos investigativos externos en contextos indígenas o rurales, y plantea la necesidad de metodologías sensibles a la cultura. Esta mirada resulta especialmente útil para analizar si en La Pola los habitantes perciben el emprendimiento como una opción legítima y deseable, o como una forma de presión adaptativa frente a un modelo económico que no les pertenece.

 

Finalmente, los factores demográficos como la composición etaria, la movilidad poblacional, la presencia de mujeres como jefas de hogar o la migración de jóvenes también influyen en la estructura de oportunidades y en las motivaciones para emprender. La intención emprendedora no es una abstracción: es una expectativa que se construye desde condiciones concretas de vida, educación y pertenencia cultural.

 

 

Ambiente y sostenibilidad territorial

 

El ambiente no es solo un contexto físico para la actividad humana; en territorios rurales, representa un entramado vital que configura las posibilidades productivas, los límites culturales y las narrativas simbólicas de sus habitantes. En zonas como La Pola, la relación con el entorno natural —la montaña, el agua, los cultivos, los ciclos— forma parte constitutiva de la identidad local y, por tanto, incide directamente en cómo se conciben y se valoran las iniciativas emprendedoras.

 

Desde una perspectiva funcional, el entorno ambiental determina la viabilidad de ciertas actividades económicas: la calidad del suelo, el acceso al agua, el clima, la biodiversidad o el riesgo de desastres afectan tanto la productividad como la estabilidad de los emprendimientos. Autio et al. (2014) han señalado que, en contextos con riqueza de recursos naturales, los emprendimientos tienden a desarrollarse en torno a sectores extractivos o agroindustriales, mientras que en entornos urbanos predominan modelos digitales o de servicios.

 

Hilbert (2011b) señala que en muchos territorios rurales la digitalización del campo es un factor determinante para el acceso a información climática, tecnológica y comercial, lo que convierte al ambiente en un sistema híbrido entre lo físico y lo virtual.

 

Pero más allá de lo productivo, el ambiente en territorios como el Paisaje Cultural Cafetero posee una dimensión patrimonial. La inscripción de este territorio en la lista de Patrimonios de la Humanidad por la UNESCO no solo reconoce su biodiversidad, sino su articulación con prácticas tradicionales de cultivo, conservación y organización social.

 

Esta condición impone tensiones y oportunidades para el emprendimiento: por un lado, exige preservar prácticas sostenibles y evitar formas de explotación intensiva; por otro, abre la posibilidad de desarrollar modelos de negocio que pongan en valor la armonía entre comunidad y paisaje.

 

El emprendimiento ambientalmente responsable, entendido como aquel que se articula con prácticas agroecológicas, turismo de naturaleza, producción limpia o manejo sostenible del recurso hídrico, constituye un campo en expansión, especialmente en territorios que buscan compatibilizar el desarrollo económico con la preservación territorial. En este sentido, la intencionalidad emprendedora en La Pola puede estar condicionada no solo por el acceso a recursos naturales, sino por la conciencia ecológica, el apego simbólico al entorno y las tensiones entre tradición y modernización.

 

Así, la variable ambiental no opera simplemente como una condición material del emprendimiento, sino como una dimensión ética y política que define qué tipo de desarrollo se busca, para quién y con qué costo. El cuidado del ambiente es una estrategia concreta de sostenibilidad y pertenencia.

 

Infraestructura y acceso a tecnología

 

La infraestructura física y tecnológica representa un factor clave para la intención emprendedora, especialmente en territorios rurales donde las condiciones logísticas, de conectividad y de acceso a servicios básicos aún presentan brechas significativas. En escenarios como La Pola, la calidad de las vías, la disponibilidad de transporte, el acceso a energía eléctrica confiable y la presencia (o ausencia) de conectividad digital pueden definir el límite entre la posibilidad y la imposibilidad de emprender.

 

De acuerdo con la Asociación Interamericana de Empresas de Telecomunicaciones [ASIET] (2023), las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) no solo mejoran la conectividad de los territorios rurales, sino que amplían el alcance del emprendimiento hacia modelos mixtos que combinan lo presencial con lo digital. Esto se complementa con los hallazgos de Hilbert (2011a), quien advierte que la brecha digital rural limita el desarrollo económico tanto como lo haría la ausencia de vías o servicios básicos.

 

Desde un enfoque estructural, la infraestructura actúa como habilitador o inhibidor de capacidades. Un emprendedor sin vías de acceso no puede llevar su producto al mercado; sin conectividad, no puede integrarse a canales digitales de comercialización o formación; sin electricidad o agua potable, la operación misma de un negocio puede resultar inviable. Estos elementos no son “condiciones externas”, sino partes constitutivas del entorno emprendedor.

 

La dimensión tecnológica cobra una importancia creciente en el contexto contemporáneo. El acceso a las TIC no solo permite ampliar mercados, sino también acceder a redes de conocimiento, a capacitaciones virtuales, a financiamiento en línea y a sistemas de gestión empresarial. En este sentido, la brecha digital es una forma de desigualdad que afecta directamente la competitividad y la innovación en el mundo rural. Hilbert (2011) ha señalado que las mujeres rurales son especialmente vulnerables a esta brecha, tanto por razones estructurales como culturales, lo que afecta de forma diferenciada su posibilidad de emprender. Qureshi (2013) plantea que el desarrollo solo ocurre cuando las TIC están integradas a dinámicas locales con sentido, no cuando se imponen de forma aislada o meramente instrumental.

 

En consecuencia, la infraestructura y la tecnología deben ser entendidas como variables no neutrales, que amplifican o restringen las opciones reales de quienes desean emprender. En territorios como La Pola, donde la belleza del paisaje contrasta con las limitaciones en conectividad y transporte, estas variables constituyen un terreno decisivo para pensar políticas de apoyo al emprendimiento con enfoque territorial.

 

 

Inversión y financiamiento

 

El acceso a financiamiento y a esquemas sostenibles de inversión constituye una de las variables estructurales más determinantes para la concreción de proyectos emprendedores. En contextos rurales como el de La Pola, esta dimensión se entrelaza con múltiples factores: la informalidad, la baja bancarización, el desconocimiento de instrumentos financieros y la desconfianza hacia las entidades del sistema.

 

Estudios recientes muestran que el acceso al crédito y a capital semilla tiene una correlación directa con la tasa de éxito de los emprendimientos (Kerr & Nanda, 2011). Sin embargo, en la práctica, muchas personas en zonas rurales enfrentan barreras de entrada al sistema financiero formal, ya sea por falta de historial crediticio, ausencia de garantías, desconocimiento del funcionamiento del sistema o por condiciones de acceso que no se adaptan a los ciclos productivos rurales.

 

Adicionalmente, los modelos tradicionales de financiamiento suelen estar pensados para empresas urbanas o formales, con flujos de ingresos estables y capacidad de proyección financiera. En el campo, los ingresos suelen ser estacionales, los riesgos están ligados a factores climáticos y de mercado, y las prácticas económicas responden muchas veces a lógicas solidarias o familiares. Esto exige modelos alternativos de financiamiento adaptados al territorio: fondos rotatorios comunitarios, microcréditos flexibles, esquemas de ahorro colectivo o inversiones de impacto.

 

La inclusión financiera no es solo una cuestión de acceso a productos bancarios, sino de formación, acompañamiento y adecuación institucional. En este sentido, programas de educación financiera y plataformas de apoyo contable se convierten en incentivos indirectos al emprendimiento, en tanto reducen el riesgo percibido y permiten proyectar el negocio con mayor solidez.

 

La articulación con políticas públicas que garanticen líneas de crédito diferenciadas, tasas preferenciales, asesoría técnica y redes de inversión locales es crucial para activar esta variable como un incentivo real. De lo contrario, la falta de inversión puede convertirse en una de las barreras más limitantes para que los habitantes de territorios rurales transformen sus ideas en proyectos sostenibles.

 

 

Variables fiscales y contables

 

Aunque con frecuencia subestimadas en los análisis de intención emprendedora, las variables fiscales y contables representan un componente crítico del entorno en el que los actores rurales toman decisiones económicas. Su influencia no se limita al cumplimiento tributario o a la legalización de los negocios, sino que se extiende a la percepción de viabilidad, la planificación financiera, el acceso a apoyos estatales y la sostenibilidad operativa de las iniciativas productivas.

 

Desde el enfoque de entorno emprendedor, la carga tributaria, la complejidad de las normativas, y la disponibilidad de información y asesoría fiscal, actúan como condicionantes estructurales (Acs & Szerb, 2007; Djankov et al., 2002).

 

En contextos rurales como La Pola, donde predomina la informalidad y muchas actividades económicas están desarticuladas del sistema financiero, estos factores adquieren especial relevancia. La dificultad para entender los requisitos fiscales, el temor a sanciones o el desconocimiento de beneficios tributarios pueden desincentivar tanto la formalización como la expansión de un emprendimiento.

 

Adicionalmente, la contabilidad no se reduce a una herramienta técnica de registro, sino que cumple una función estratégica. Como señala Gómez (2017), el uso de herramientas como presupuestos, proyecciones de flujo de caja, análisis de punto de equilibrio y evaluación de costos permite a los emprendedores anticipar crisis, tomar decisiones informadas y optimizar sus recursos. Esta capacidad de gestión contable, sin embargo, requiere una alfabetización económica que no está presente en todos los territorios por igual.

 

Desde el saber contable, diversos estudios han mostrado que la falta de una cultura tributaria clara y la debilidad en los sistemas de acompañamiento institucional generan un entorno donde las obligaciones fiscales se perciben como barreras más que como parte de un ecosistema regulado con fines redistributivos (DIAN, 2024). En este sentido, la figura del contador, cuando es accesible y adaptada al contexto, puede actuar como puente entre el emprendimiento popular y el sistema normativo.

 

Por otro lado, la existencia de incentivos tributarios bien comunicados, regímenes simplificados, periodos de gracia o líneas de formación financiera pueden transformar estas mismas variables en motores de incentivo, especialmente si se articulan con políticas públicas locales que reconozcan las características de la economía patrimonial, artesanal o agroecológica.

 

Así, lo fiscal y lo contable no son elementos accesorios, sino piezas fundamentales en la arquitectura de la decisión emprendedora. Incorporarlas en el análisis permite entender por qué, incluso con una buena idea y un entorno comercial favorable, muchos emprendimientos rurales no logran consolidarse.

 

 

Discusión

 

El análisis de las variables estructurales y contextuales asociadas a la intención emprendedora en territorios rurales como La Pola permite evidenciar la complejidad del fenómeno más allá de los enfoques motivacionales individuales. Las nueve categorías exploradas muestran que emprender es una decisión que surge en la intersección entre condiciones materiales, culturales, institucionales y simbólicas, y que estas dimensiones no operan de forma aislada, sino interdependiente.

 

En primer lugar, las variables económicas y laborales establecen los límites objetivos de la acción: sin ingresos mínimos, sin estabilidad, sin mercados activos, la posibilidad de pensar un emprendimiento se ve restringida o, en el mejor de los casos, desplazada hacia modelos de subsistencia.

 

Esto se traduce en emprendimientos por necesidad, caracterizados por baja innovación, escasa capacidad de acumulación y poca formalización. Sin embargo, cuando hay dinamismo productivo, acceso a redes comerciales y fuentes de ingreso diversificadas, las condiciones para el emprendimiento por oportunidad se amplían.

 

Las variables turísticas, ambientales y culturales dan cuenta de las potencialidades territoriales que pueden actuar como palancas para el emprendimiento. En La Pola, el valor patrimonial del paisaje, la riqueza natural, las prácticas tradicionales y el creciente interés por el turismo de experiencia representan una oportunidad real. No obstante, su aprovechamiento requiere condiciones materiales, capacidades instaladas y políticas de acompañamiento, sin las cuales el atractivo del territorio puede convertirse en un recurso explotado externamente, sin impactos positivos para la comunidad local.

 

Las variables institucionales, fiscales y contables revelan con especial claridad que el emprendimiento no es solo una práctica económica, sino también una relación con el Estado. La existencia de marcos normativos adaptados, asesoría accesible, incentivos reales y cultura tributaria puede facilitar la formalización y sostenibilidad de los emprendimientos. A la inversa, su ausencia produce retraimiento, miedo al sistema y desconfianza.

 

En cuanto a las dimensiones educativas y tecnológicas, se constata que sin formación mínima —no solo técnica, sino también crítica y organizativa— es difícil que la intención de emprender se transforme en acción efectiva. La falta de conectividad, de acceso a información, y de habilidades digitales acentúa las brechas, reproduciendo desigualdades que se traducen en exclusión del sistema económico formal.

 

Así, lo que en otros contextos puede leerse como una simple “falta de motivación” o “ausencia de cultura emprendedora”, en territorios como La Pola se revela como el resultado de una estructura desigual de oportunidades. Esta lectura obliga a desplazar la pregunta: no tanto por qué las personas no emprenden, sino qué condiciones deben transformarse para que emprender sea una opción real, legítima y sostenible.

 

Tal como sugiere Santos (2009), pensar el emprendimiento desde una epistemología del sur implica asumir que la agencia económica está mediada por trayectorias históricas, disputas culturales y lógicas comunitarias.

 

Smith (2012) añade que las metodologías de investigación deben adaptarse a los marcos simbólicos de los pueblos, evitando imponer categorías externas que desdibujen la percepción local del emprendimiento como estrategia de vida.

 

Finalmente, la revisión realizada sugiere que cualquier intento de diseñar políticas públicas o instrumentos de recolección de información sobre intención emprendedora en contextos rurales debe partir de un enfoque integrado, sensible al territorio y a sus saberes. Solo así será posible identificar no solo las barreras y los incentivos, sino también los márgenes de posibilidad desde los cuales los actores locales construyen sus estrategias económicas.

 

Como cierre del análisis, se presenta a continuación una tabla comparativa (Tabla 1) que sintetiza cómo las distintas variables estructurales y contextuales pueden operar como barreras o incentivos dependiendo del tipo de motivación emprendedora: por necesidad o por oportunidad. Esta distinción, ya mencionada en el marco conceptual, permite comprender con mayor precisión la forma en que un mismo factor puede tener efectos diferenciados según la trayectoria, los recursos y la percepción del actor local.

 

Por el mismo camino y a continuación de la tabla, se ilustra en la Figura 1. de manera clara visualmente las nueve variables que intervienen en el proceso de la intención emprendedora, a manera de síntesis de la tabla 1, antes mencionada.

 

 

Tabla 1. Factores contextuales y su influencia en el emprendimiento por necesidad y por oportunidad

 

Variable

Descripción

Influencia en emprendimiento por necesidad

Influencia en emprendimiento por oportunidad

Factores económicos

Disponibilidad de recursos, diversidad económica y sectores productivos.

Alta en contextos de crisis económica o concentración productiva.

Alta cuando hay diversificación económica y sectores dinámicos.

Empleo y fuentes de ingresos

Estabilidad laboral, niveles de ingreso y pobreza.

Alta en escenarios de desempleo y pobreza.

Media si hay empleos bien remunerados, pero con deseo de independencia.

Turismo

Presencia de visitantes y oportunidades de negocio relacionadas.

Media, como alternativa cuando otros sectores están saturados.

Alta cuando el turismo es constante y bien estructurado.

Políticas públicas

Normatividad, apoyo institucional, trámites y seguridad.

Media si el entorno se percibe como restrictivo o burocrático.

Alta si las instituciones promueven el emprendimiento activamente.

Demografía

Educación, salud, vivienda, cultura y estructura poblacional.

Alta si hay baja escolaridad o escasos servicios básicos.

Alta con niveles altos de educación y diversidad cultural.

Ambiente

Condiciones ecológicas y disponibilidad de recursos naturales.

Media si el ambiente limita otras formas de ingreso.

Media si hay potencial para emprendimientos ecológicos o sostenibles.

Infraestructura y tecnología

Acceso a las TIC, servicios públicos e infraestructura vial.

Media si no hay acceso a infraestructura básica.

Alta si hay acceso a tecnología y conectividad.

Inversión y financiamiento

Disponibilidad de crédito, subsidios e inversión externa.

Alta si no hay financiamiento alternativo.

Alta si existen redes de inversión o financiamiento accesible.

Fiscales y contables

Costos asociados a impuestos, registros contables y prácticas de formalización financiera.

Alta al incentivar la informalidad por costos y trámites.

Alta al facilitar acceso a beneficios, financiación y crecimiento.

 

Nota. Esta tabla presenta cómo diferentes variables contextuales pueden influir en el seguimiento de emprendimientos, ya sean motivados por necesidad o por oportunidad. Fuente: autores.

 

 

Figura 1. Influencia de las variables en la intención emprendedora

 

 

Nota. Se ilustran los factores contextuales y su influencia sobre la intención emprendedora.

 

 

Aportes para el diseño de instrumentos

 

A partir del análisis de las nueve categorías de variables estructurales y contextuales, se hace evidente la necesidad de construir instrumentos de recolección de información que permitan captar, de forma situada y coherente, la manera en que los actores rurales perciben las barreras e incentivos para emprender. Estos instrumentos no deben limitarse a indagar por intenciones o actitudes individuales, sino que deben reflejar la complejidad del entorno y sus múltiples determinantes.

 

Una primera recomendación es que el instrumento adopte una estructura modular, con secciones diferenciadas que aborden:

 

 

Cada uno de estos bloques puede contener tanto preguntas cerradas (tipo Likert) como abiertas exploratorias, permitiendo así recoger tanto, tendencias cuantificables como matices cualitativos propios del contexto.

 

Además, se recomienda que el diseño del instrumento incluya preguntas orientadas a diferenciar entre emprendimiento por necesidad y por oportunidad, con indicadores relacionados con el motivo de inicio, el horizonte de crecimiento esperado, la planificación previa y la autonomía en la decisión.

 

Otro elemento clave es la incorporación de una dimensión cultural y simbólica, que explore cómo se percibe el emprendimiento en la comunidad: si es visto como una salida forzada, una oportunidad deseable, una amenaza a formas tradicionales de vida, o un mandato institucional. Esta dimensión permitirá interpretar no solo lo que se hace, sino desde dónde y con qué sentido se hace.

 

Finalmente, el instrumento deberá considerar la posibilidad de ser adaptado a otros territorios rurales con características similares, siempre y cuando se respeten las particularidades de cada entorno. En ese sentido, este artículo puede constituirse en una base conceptual útil para investigadores, instituciones públicas o actores de desarrollo rural que busquen generar conocimiento aplicado con valor estratégico y operativo.

 

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos [OECD] (2023) propone que el diseño de instrumentos para evaluar políticas públicas en zonas rurales debe contemplar indicadores culturales, institucionales y tecnológicos. Este enfoque puede ser útil para futuras fases aplicadas del presente trabajo.

 

A continuación (Tabla 2), se presenta un esbozo de estructura posible para un instrumento de recolección de información, construido a partir de las categorías analizadas en la revisión. Su objetivo sería captar no solo condiciones objetivas, sino también percepciones, trayectorias y valores vinculados al emprendimiento en contextos rurales. Con motivo de facilitar la síntesis del contenido de la tabla, también se presenta, a continuación de esta, la Figura 2. En la que se resume el tipo de pregunta, frente al bloque temático de la exploración.

 

 

Tabla 2. Guía conceptual de estructura para un posible instrumento de recolección de información

 

Bloque temático

Descripción

Tipo de preguntas sugerido

Perfil sociodemográfico.

Edad, género, nivel educativo, tipo de vivienda, situación de propiedad del predio.

Cerradas.

Situación económica y laboral.

Fuentes de ingreso, estabilidad laboral, percepción de suficiencia de ingresos.

Likert / Cerradas.

Percepción sobre el entorno.

Condiciones del territorio, estado de la economía local, oportunidades de mercado.

Cerradas + Preguntas abiertas breves.

Acceso a infraestructura y TIC.

Conectividad, transporte, servicios públicos, uso de herramientas digitales.

Cerradas / Likert.

Experiencia previa en emprendimiento.

Intentos anteriores, motivaciones, dificultades encontradas.

Cerradas + preguntas abiertas narrativas.

Relación con las instituciones.

Conocimiento de programas públicos, percepción de apoyo institucional, barreras normativas.

Likert / Cerradas.

Educación financiera y contable.

Uso de herramientas de presupuesto, contabilidad básica, conocimiento de obligaciones fiscales.

Cerradas / Escalas de autoevaluación.

Cultura emprendedora.

Valoración del emprendimiento, compatibilidad con prácticas culturales, percepción de legitimidad.

Abiertas / Likert / Asociación de palabras.

Motivación actual para emprender.

Razones que lo llevarían a emprender (necesidad vs. oportunidad), tipo de emprendimiento deseado.

Cerradas + justificación breve (abierta).

 

Nota. Este esquema no constituye un instrumento validado ni una propuesta definitiva de recolección de datos.
Se presenta únicamente como una guía conceptual, construida a partir del análisis bibliográfico, con el fin de ilustrar cómo podrían organizarse futuras investigaciones aplicadas.
Su objetivo no es ofrecer una herramienta lista para aplicar, sino sugerir una estructura posible que inspire el diseño riguroso de instrumentos contextualmente apropiados. Fuente: autores.

 

 

Figura 2. Tipo de pregunta sugerida para cada aspecto

 

 

Nota. Se describe en cada caso el tipo de preguntas a aplicar según el aspecto que se explora.

 

Conclusiones

 

El emprendimiento, cuando se observa desde territorios rurales como La Pola, se revela como un fenómeno profundamente condicionado por el entorno. Lejos de ser una expresión autónoma de voluntad o de motivación individual, la intención emprendedora surge del entrecruce de factores estructurales, culturales, institucionales y simbólicos que configuran los márgenes de posibilidad para actuar.

 

La revisión realizada en este artículo ha permitido identificar nueve grupos de variables que operan como barreras o incentivos al momento de emprender: desde lo económico y lo fiscal hasta lo ambiental y lo educativo, pasando por dimensiones tan determinantes como la infraestructura, el turismo, el acceso a tecnología o la confianza institucional. Esta lectura multivariable permite comprender por qué, en escenarios aparentemente similares, las respuestas emprendedoras pueden diferir radicalmente.

 

Una de las principales aportaciones de este trabajo radica en el desplazamiento del foco analítico desde el individuo hacia el contexto, sin por ello negar la agencia de los actores locales. Comprender el emprendimiento como una práctica situada permite evitar generalizaciones apresuradas y obliga a repensar las políticas de fomento no como “recetas” replicables, sino como estrategias que deben dialogar con los territorios.

 

El caso de La Pola —con sus tensiones entre tradición y transformación, su valor patrimonial y sus limitaciones estructurales— muestra con claridad que la intención emprendedora puede existir, pero no siempre tiene las condiciones mínimas para desarrollarse.

 

Por eso, más que fomentar el emprendimiento en abstracto, es necesario construir entornos habilitantes, donde los saberes locales, las condiciones materiales y las expectativas colectivas sean reconocidas como parte del proceso.

 

Finalmente, este artículo sienta las bases para futuras investigaciones aplicadas, en particular aquellas que busquen diseñar instrumentos de diagnóstico o políticas públicas con enfoque territorial. Apostar por una comprensión compleja de la intención emprendedora no solo es un acto de rigor académico, sino también una forma de justicia epistémica y práctica.

 

Referencias


  1. 1 Corporación Universitaria Remington, Armenia, Colombia.